Revista Materia
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Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

PorKarla Riquelme Vargas 30 enero 2025

El diseñador Rodrigo Bravo sosteniendo una de las piezas de su última colección AL, mobiliario realizado totalmente en aluminio. ©Carlos Molina @grimpet

En sus más de 20 años de carrera, el diseñador industrial chileno Rodrigo Bravo ha desarrollado una práctica que combina un agudo proceso conceptual y una profunda experimentación física de los materiales. Esta fascinación por entender los materiales y sus posibilidades se ha convertido en uno de las bases de su proceso creativo al enfrentar nuevos proyectos, ya sea para diseñar objetos o mobiliarios en su práctica personal o los proyectos de arquitectura interior que realiza junto a su equipo a través de Bravo Estudio.

Para Rodrigo todo parte por entender “cuál es la vocación del material, para así poder -dependiendo del proyecto- empujar sus límites”, dice. Este proceso implica investigación y experimentación técnica para poder conocer el material en todas sus capas; desde su contexto cultural, su origen geográfico, incluyendo sus características físico-mecánicas y expresivas. “Hay un énfasis, un acento en descubrir o entender bien cuáles son las vocaciones materiales, en poder comprenderlo e incorporarlo dentro de los proyectos de una manera en donde esté aportando de acuerdo a su naturaleza, eso entendemos que es su vocación”.

Esa “lógica material”  ha ido evolucionando con los años a través de proyectos y series de objetos y mobiliario, articuladas por su exploración con distintas familias de materiales e ideas que surgen respecto a la producción de objetos materiales en nuestra cultura. Esto se puede ver desde sus primeros muebles en maderas nativas -donde encontró la conexión al territorio-, pasando por el mundo del mineral pétreo, donde piedras y rocas de la Cordillera fueron dando origen a distintas colecciones, como la reconocida «Monolith”, que está formada por una serie de objetos-esculturas realizados en piedra Combarbalita, con formas marcadas por la experimentación técnica y que dejan ver las vetas de los distintos minerales que la componen. En esta serie trabajó directamente con artesanos, un referente para Bravo en términos de la maestría que logran en el trabajo material. 

Actualmente sigue explorando el mundo mineral, pero en la veta metálica, a partir del aluminio. En sus últimas dos series, Al y Trama, presenta mobiliario hecho en base a este material más contemporáneo donde el límite de lo «local» se reinterpreta, expandiéndose al mundo urbano global, con una lógica de producción que busca ser eficiente, automatizada y global, apoyada por nuevas tecnologías.

Combinando el diseño, el arte, la antropología y la arquitectura en su práctica, donde el juego con las lógicas funcionales está muy presente, Bravo ha logrado participar activamente en la escena del diseño industrial internacional, presentando sus colecciones en galerías especializadas como Matter, Chamber o Verso en Estados Unidos y Europa, y participando en las ferias de diseño más importantes como el Salón del Mueble de la Feria de Diseño de Milán, 3daysofdesign en Copenhague, Design Week de NYC, London Design Festival y Stockholm Design Week. También ha sido reconocido por los especialistas, por ejemplo, en el libro de Phaidon «Designed for Life – The World’s Best Product Designers» (2024). Conversamos en extenso con este destacado diseñador chileno sobre sus procesos creativos, cómo va acercándose a cada material, cuál es su mirada al crear mobiliarios y objetos que logran resonar profundamente y conectar con algo íntimo, trascendental del ser humano, su relación con el mundo material.

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Monolith Serie No. 08 / 8va edición de la colección de objetos escultóricos fabricados manualmente en piedra de Combarbalita extraída de la Cordillera de los Andes. ©Andrés Maturana

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

De su última serie AL y TRAMA, realizada en aluminio. Mobiliario liviano, que se arma mediante el ensamblaje de sus partes. ©Jonathan Hökklo @hawkclaw

RM: Sabemos que son una de las bases de tu inspiración y procesos creativos, por eso te queremos preguntar, ¿de dónde viene para ti esa fascinación por lo material?

RB: La motivación por los materiales creo que es una cualidad humana, una relación intrínseca que está dentro de nuestras capacidades. A mí me gusta leer de historia, me informo mucho de antropología y veo que hay una capacidad intrínseca del ser humano por comprender, por incorporarse dentro del terreno material. Desde las primeras herramientas que se generaron por las primeras versiones de lo que hoy día somos como seres humanos, hay una aproximación a la materia prima, a la naturaleza y cómo modificarla en pos del beneficio propio, de la supervivencia. Ahí ya entramos en ese terreno de la atracción material, de poder tocar el material, analizarlo, comprenderlo y modificarlo para obtener un beneficio propio.

En lo particular, hay una fascinación mía que nace por esto que está en nuestro ADN, y después está esa lógica de entender el material como si fuese casi una persona. Todas las personas tenemos una personalidad, ciertas aptitudes que nos permiten desenvolvernos en ciertos medios de una manera mejor que en otros, y con los materiales pasa lo mismo. A eso es a lo que me refiero con esta idea de la vocación material, que hay ciertos materiales que se desenvuelven muy bien en ciertas operaciones y contextos que uno los somete. Profundizar en esa idea es algo que me motiva un montón.

RM: Además de la exploración material, ¿qué otros elementos van determinando tus procesos?

RB: Dentro de esta lógica material, hay otra motivación que es importante, tratamos de incorporar ciertos procesos que no son tan visibles, ni tan obvios o lógicos en el contexto cotidiano, y eso nos permite obtener lecturas que no son las tradicionales en los objetos, los muebles o los espacios. Incorporamos acabados que muchas veces son invisibilizados, por ejemplo, o que pertenecen a contextos que son más técnicos o industriales, los tomamos para reinterpretar en función de nuevas lógicas contextuales.

Otro argumento que es parte de nuestros procesos creativos e intelectuales tiene que ver con la elementalidad, con la búsqueda de lograr resultados óptimos de manera eficiente y con la menor cantidad de pasos posibles. Eso desde los procesos, como también atendiendo la forma, la geometría. Eso es un objetivo importante dentro de nuestros procesos y tiene un resultado final en la experiencia visual, sensorial de los objetos, muebles, espacios, es algo medio inevitable. 

RM: Comenzaste con mobiliario, pero a través de los años los objetos se convirtieron en algo importante para tu práctica, ¿Qué es lo que quieres lograr, qué te interesa cuando diseñas un objeto?

RB: Me interesa de partida, que los proyectos donde uno se incorpora representen cultura, tienen que manifestar elementos en donde hay desarrollo cultural importante. Ese es un punto base y, en ese sentido, lo netamente decorativo no lo hace, carece. Busca generar una relación vacía en términos culturales.

Cualquier proyecto sea objeto, arquitectura, muebles, tiene que manifestar de alguna manera un eje cultural, a través del material, a través de su concepto, su construcción o sus procesos. Es un elemento que tiene que estar sí o sí en cualquier proyecto. El resto creo que puede variar, depende del objetivo, el material o el contexto.

RM: ¿Hay alguna serie de tu práctica personal que haya marcado un momento clave en tu visión?

RB: Mi primera aproximación a la escala del objeto fue en una serie que se llamaba “La Familia”, unos contenedores de madera y cobre que se apilan -y combinan libremente-. Esa serie la recuerdo muy bien, como un minuto donde hubo un cambio, porque ahí puse a prueba esta idea de articular los mismos principios que estaban detrás de los muebles en función de elementos que cambiaban la escala, que son más pequeños y que permitían movilizarse y generar proyectos, muestras o relaciones con gente afuera y galerías, de manera mucho más liviana, más rápida y eficiente. Con los muebles es mucho más complejo, hay un mercado súper competitivo y duro ahí, y es difícil gestionar proyectos a partir de los muebles desde Chile.

Esta serie validó esta teoría y me permitió abrir nuevas relaciones con el mercado del diseño de afuera y, por otro lado, me empecé a meter en la idea de cuestionar las lógicas funcionales, las lógicas prácticas. Siento que en los muebles, la función práctica es súper clara, tiene que ser atendida de manera directa. En cambio en el objeto la lógica de la función uno puede cuestionarla un poco más, uno puede jugar un poco más con eso. Y entender que ese objeto de escala más chica puede adoptar ciertas lógicas asociadas de la escultura, o la obra de arte, y poner en jaque estás lógicas de lo práctico y lo funcional, algo que me gusta hacer a propósito. No tengo tanto espacio en la escala de la arquitectura interior, pero sí en los objetos.

En la serie «La Familia» encontré mi propio espacio para canalizar estos principios, pero en la escala del objeto. Eso mismo siempre me ha costado hacerlo en la escala de los muebles, pero hay otra gente que sí lo pueden hacer y esos son los maestros.

RM: Una de tus series más reconocidas, Monolith, tiene varias ediciones diferentes, ¿hay una intención distintas detrás de cada nueva edición?

RB: Son procesos súper personales y se van desarrollando en el tiempo, en la medida que van generando eco en el entorno, eso tiene que ver con la relación con galerías, con muestras o proyectos donde se articula una serie en específico o se va requiriendo nuevas piezas, nuevas series. Eso me permite ir generando nuevos pensamientos sobre esa misma serie, van apareciendo distintas lógicas, distintas geometrías. Me gusta esa idea de que las cosas puedan mantenerse en un desarrollo continuo y no decir que las cosas empiezan acá y terminan en tal fecha predeterminada, me gusta esta idea de procesos más elásticos. De conceptos que uno puede ir leyendo, a medida que va pasando el tiempo, en la medida que uno va generando nuevos pensamientos sobre eso mismo.

RM: Desde tu práctica más ligada al diseño industrial, ¿cómo ves el rol del diseño en esta crisis ambiental?

RB: De cierta manera, como que el diseño en alguna parte de la historia empezó a despreocuparse de su rol original, que es mejorar la calidad de vida. Y mejorar la calidad de vida no está asociado a generar objetos netamente vistosos, llamativos, decorativos, sino que a generar un balance entre su responsabilidad en términos de los procesos que se incorporan, los materiales que se ocupan y el resultado final, en términos de la operación final. De que sean eficientes, funcionales, que emocionen también, las emociones también son una función, entonces es un balance. Pero hay mucho diseño que busca solamente emocionar o atraer una venta, pero pierden toda la atención de función, de lo otro que hace un objeto que sea bueno y bello y positivo en el fondo. Tengo esa visión también en mi práctica que tiene que ver también con la idea de lo «Super Normal» -desarrollada por Naoto Fukusawa y Jasper Morrison- que es como mi guía para poder establecer objetos equilibrados en todo sentido, que sean objetos que son inteligentes en términos de cómo se construyen, en términos de cómo funcionan, en términos prácticos. Y que a su vez, desde lo más racional también puedan emocionar. Me parece que eso es una práctica responsable, son ciertos criterios que deben estar en los diseñadores hoy día, es como lo básico.

RM:  Hablemos de tu última serie AL y TRAMA, ¿cómo surgió y qué características tiene? Leí que tiene un aporte de ahorro a la huella de carbono

RB: Es una serie que está conducida por la racionalidad casi en todo sentido. Dentro de esos aspectos está la elección del material, el aluminio que articula las dos series. Es un mineral metálico presente en todas las grandes ciudades alrededor del mundo, un material de uso industrial y muy inteligente. Una ventaja es que es muy liviano y otra es que es 100% reciclable, entonces se puede incorporar a otros ciclos de manera muy práctica y eficiente.

Nace esta idea de desarrollar equipamiento y mobiliario con este material que tiene todas estas cualidades y, por otro lado, la manera en que se construyen estos objetos están pensados desde profundizar la vocación material del aluminio, sin soldar,  sin uniones permanentes. Porque es blando y por su composición su vocación material es unirse, para construir mecánicamente y no de una manera monolítica, como soldar. Como cortar, pegar y generar un elemento indisoluble por así decirlo.

Está hecho bajo una lógica mecánica de partes y piezas que se van uniendo y eso permite que este material liviano pueda transportarse, haciendo más eficiente el tamaño que usa en el traslado. Ahorra mucho espacio durante el transporte lo que también es una práctica ambiental importante hoy día, pensar en transportar los elementos con el uso de la menor cantidad de energía posible. Y por otro lado está el tema del peso, que este mismo elemento en otro material pesaría mucho más. Son ideas que están todas asociadas a esta práctica más sustentable.

RM: ¿Entonces la vocación material del aluminio permite un diseño y elaboración más ecológica?

RB: La inteligencia de este material, su composición permite que pueda ser situado en exterior o interior sin la necesidad de incorporar nuevos procesos para que no se corroa y que funcione en el exterior. Tal cual como es, puede incorporarse en distintos escenarios, sin requerir de mayores procesos. El material mismo es su propia terminación, no es como la madera que necesita una terminación o acabado posterior para protegerse del sol o de la humedad. En este caso, el aluminio se hace cargo de su propio acabado, entonces uno acorta el tándem de procesos asociados a la producción de éstos.

Y lo último, es que está pensado en función de tecnologías digitales, entonces es muy eficiente el proceso en sí, básicamente son robots los que van cortando, plegando. Hay una concepción de los procesos donde se articulan procesos digitales que son muy eficientes en términos de producción del costo energético y eventualmente son procesos que podrían replicarse en cualquier parte del mundo, no necesita ir de China a Canadá para poder fabricarlo, sino que se podría trasladar localmente. Para mí lo que hay detrás de esto es la idea más que hacerme cargo yo de vender y producir las piezas finales, lo que estoy viendo es cómo otros pueden producir y vender.

RM: Tienes mucha participación en ferias internacionales de diseño, a partir de eso, ¿nos podrías dar tu visión del diseño industrial local?

RB: Como medio en extinción, la verdad. El diseño en sí se está trasladando mucho a las plataformas digitales, el diseño de herramientas con Inteligencia Artificial asociadas también al mundo digital. Veo también que hay un montón de énfasis en la indumentaria, la moda, que se ha abierto un espacio importante que me parece muy interesante. Pero a nivel de lo físico, lo que es mi práctica lo veo muy desarticulado. En México y también en Argentina lo veo con harta fuerza. Ellos tienen más industria, más campo comercial, un poco a raíz de estas relaciones comerciales y asociadas a los aranceles, hay más campo para generar oferta de diseño objetual y de mobiliario. Yo me relaciono más con el mundo de la arquitectura que con el del diseño, nuestros proyectos o lo que hacemos le hace más sentido a la arquitectura.

RM: ¿Cuáles son tus próximos planes?

RB: Presenté Al y Trama en Milán el año pasado y ahora estoy trabajando con una marca danesa, viendo que ellos se hagan cargo de la producción y distribución. Con unos amigos de la galería argentina Concepción Local estamos organizando una muestra en Milán para abril, eso por lo pronto afuera. Y en Chile estamos con varios proyectos de arquitectura interior acá en el estudio, eso en el más corto plazo. 

Más info: https://bravo.io/ y en los IG @rodrigobravo y @bravo_estudio

 

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

La repisa de la serie Trama en aluminio. Este módulo base se puede ir complementando con otros. ©Jonathan Hökklo

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

La mesa AL 03 hecha en aluminio. ©Carlos Molina @grimpet

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Rodrigo Bravo. Crédito foto: @fervalente

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Otra edición de la serie Monolith, realizada en Piedra de Combarbalita. ©Carlos Molina @grimpet

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Banca Bloque realizada en madera de Lenga, con otros objetos diseñados por Bravo. El piso de la misma serie puede ser también usado como mesa de apoyo. ©Andrés Maturana

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

TM3 Mueble escultórico, parte de la serie Tube Mutations. Una pieza de lógica ambigua, realizada en acero, puede ser mesa, asiento o escultura. ©Andrés Maturana

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Proyecto de arquitectura interior para Only Joke Store por Estudio Bravo. ©Carlos Molina @grimpet

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

El mobiliario desarollado para Shop SISA no incluyó terminaciones finales para potenciar la naturaleza de los materiales. ©Carlos Molina @grimpet

Rodrigo Bravo: La exploración material como eje

Arquitectura y diseño interior para la tienda de audio y música Needle en MUT. ©Carlos Molina @grimpet

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